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Real Madrid, ultras y el foco europeo: el reto de convivir con la pasión sin tolerar el extremismo

El Santiago Bernabéu vuelve a ser el centro de atención del fútbol europeo en una noche grande de Champions League, con la visita de un rival del máximo nivel como el Manchester City. El partido, por sí solo, ya bastaría para atraer miradas. Pero el contexto reciente hace que el enfoque sea todavía más intenso: lo ocurrido dentro y fuera del estadio en el precedente ante el Benfica ha reactivado el debate sobre una vieja dificultad del club, la presencia de grupos y comportamientos vinculados a la extrema derecha en el entorno del Real Madrid.

Conviene subrayar una idea desde el inicio, porque ayuda a entender todo lo demás: la inmensa mayoría del madridismo no comparte esas posturas. El Bernabéu es un estadio de familias, de visitantes, de socios históricos, de jóvenes que van por primera vez y de aficionados de todo el mundo. Aun así, en un club global, cualquier gesto captado por una cámara puede proyectar una sombra enorme sobre la institución, sobre la grada y sobre la propia imagen de LaLiga y del fútbol español.

El problema no es la pasión

El problema aparece cuando una minoría intenta convertir el fútbol en un escaparate para símbolos, cantos u ofensas que chocan con los valores mínimos de convivencia y con las normas disciplinarias de los organismos que rigen el deporte.

El caso más reciente: del mensaje contra el racismo a un gesto que lo ensombreció

En la previa del Real Madrid vs Benfica en el Bernabéu, el club reforzó un mensaje institucional claro con una pancarta visible en el fondo sur: No al Racismo. El gesto era especialmente significativo por el antecedente inmediato. Ocho días antes, Vinicius Junior había denunciado un presunto insulto racista por parte de un jugador del Benfica, Gianluca Prestianni, durante el partido de ida en Lisboa. Prestianni negó la acusación, y el asunto, como suele ocurrir en este tipo de casos, quedó instalado en el debate público mientras se analizaban pruebas y versiones.

La respuesta del Real Madrid fue de apoyo firme a su futbolista, en línea con lo que ya había hecho en episodios anteriores: el club entiende que proteger a sus jugadores, y en particular a Vinicius, es también proteger un estándar básico del fútbol profesional.

Sin embargo, ese mensaje quedó parcialmente comprometido cuando una cámara captó a un aficionado en la misma zona realizando un gesto que aparentaba ser un saludo nazi. El impacto fue inmediato, porque no se trataba de un rumor: la imagen circuló y se interpretó de forma casi unánime como un símbolo inaceptable en cualquier estadio.

La entidad reaccionó con rapidez. Comunicó que el individuo fue identificado y expulsado del recinto, y que su comité disciplinario iniciaría un procedimiento para su expulsión. Además, la estructura del grupo oficial de animación, Grada Fans, también actuó: expulsó a ese aficionado y a otro individuo por gestos similares.

En un escenario tan expuesto como la Champions, un solo gesto puede borrar semanas de mensajes correctos

Y es ahí donde el Real Madrid se enfrenta a un dilema real, nada simple: el club puede sancionar, expulsar y cortar vínculos, pero eliminar por completo ciertas conductas en un estadio con decenas de miles de personas exige una vigilancia constante, coordinación con seguridad privada, protocolos policiales y, sobre todo, una cultura de tolerancia cero que sea sostenida en el tiempo.

Ultras Sur: origen, influencia y ruptura definitiva con el club

Para entender por qué este tema reaparece una y otra vez, hay que volver varias décadas atrás. Durante años, el fondo sur del Bernabéu fue un punto de reunión para sectores radicales de la hinchada. En 1980 se formó un grupo oficial de animación conocido como Ultras Sur, en un momento histórico particular: España estaba en los primeros años de su transición democrática tras la dictadura de Francisco Franco. En aquel contexto, parte del fenómeno ultra en Europa se alimentaba de referencias del hooliganismo inglés y de los grupos radicales italianos.

La relación con el club se volvió una convivencia incómoda. Por un lado, el grupo aportaba ruido, color y un ambiente intimidante para los rivales. Por otro, acumulaba denuncias por cánticos ofensivos, episodios violentos y una identidad ideológica asociada a la extrema derecha. A cambio de su rol en la animación, recibían facilidades como entradas a menor precio y oportunidades para vender merchandising.

No fue un caso aislado en España. Otros grandes clubes también tuvieron vínculos, más o menos directos, con grupos ultras: Barcelona con Boixos Nois y Atlético de Madrid con Frente Atlético. El denominador común era el mismo: se buscaba una grada intensa, pero el coste reputacional y de seguridad acabó siendo demasiado alto.

Incidentes históricos que marcaron época

Uno de los episodios más recordados en el Bernabéu ocurrió en abril de 1998, en una semifinal de Champions League ante Borussia Dortmund. Decenas de aficionados saltaron una valla detrás de la portería y se produjo un caos que terminó con las porterías derribadas. El resultado fue un retraso de más de una hora para el inicio del partido, con el mundo mirando y la imagen del club seriamente dañada.

El peso simbólico de Ultras Sur también se vio en momentos posteriores. En marzo de 2003, cuando Fernando Redondo regresó al Bernabéu con el Milan, se produjo una escena llamativa: el futbolista recibió una placa conmemorativa en un contexto donde hubo participación de una figura clave del entorno ultra, algo que, según el relato disponible, no era del agrado de parte de la directiva. Años después, José Mourinho también recibió una placa en el césped al final de su etapa como entrenador del Real Madrid entre 2010 y 2013, en un gesto promovido desde ese sector de la grada.

Florentino Pérez y la decisión de cortar por lo sano

Florentino Pérez, durante su primera presidencia entre 2000 y 2006, mantuvo esa coexistencia tensa con el grupo. Pero en diciembre de 2013, ya en su segunda etapa, tomó una decisión de ruptura: cortar todos los vínculos y prohibir la presencia organizada de Ultras Sur en el estadio. Fue un punto de inflexión. No solo por el mensaje político y social, sino por el impacto operativo que implica reordenar una grada históricamente dominada por un grupo radical.

En paralelo, el club impulsó un nuevo modelo de animación oficial, que terminó consolidándose como Grada Fans. Se invitó a miembros de peñas y grupos de aficionados como La Clásica y Primavera Blanca para ocupar sectores del fondo sur. Se mantuvo la idea de entradas más asequibles para concentrar a aficionados jóvenes y ruidosos, pero con reglas explícitas: nada que perjudique los intereses del club, y nada que cruce la línea de lo ofensivo.

El proceso no fue limpio ni inmediato. Se reportaron amenazas contra el nuevo grupo y contra el propio presidente. En una entrevista radiofónica en diciembre de 2014, Florentino llegó a mencionar que aparecieron pintadas amenazantes en la tumba de su esposa, un indicio de hasta qué punto la ruptura con Ultras Sur generó tensiones.

¿Mejoró el ambiente? Sí. ¿Desapareció el problema? No del todo

Desde la prohibición de Ultras Sur, el comportamiento general y la atmósfera dentro del Bernabéu mejoraron. Eso se nota tanto en la percepción de seguridad como en la experiencia del aficionado común. Aun así, el historial reciente demuestra que el problema no desapareció por completo, sino que mutó: ya no se trata solo de un grupo oficial con asientos asignados, sino de individuos o pequeños núcleos que reaparecen en noches grandes, dentro o fuera del estadio, o incluso en partidos como visitantes.

Sanciones y advertencias en competiciones UEFA

El Real Madrid ya ha sido objeto de sanciones por el comportamiento de parte de su afición. En la temporada 2014-15, la UEFA ordenó el cierre de dos sectores del fondo sur para el primer partido de Champions, como castigo por la exhibición de imágenes racistas en una semifinal anterior ante Bayern Múnich.

Más recientemente, la UEFA impuso una multa de 30.000 euros y un cierre parcial del estadio, con carácter suspendido por dos años, debido a cánticos homófobos dirigidos al entrenador del Manchester City, Pep Guardiola, durante un partido de eliminatorias en el Bernabéu en febrero de 2025.

Y el patrón siguió: tras un gesto nazi realizado por un aficionado madridista en el Emirates Stadium, en una ida de cuartos de final de la Champions de la temporada pasada, la UEFA sancionó al club con 15.000 euros y un castigo suspendido de un año que afectaba la venta de entradas para un partido europeo como visitante. La apelación del Real Madrid no prosperó.

En la última semana, la UEFA volvió a multar al club con 15.000 euros y dictó otro cierre parcial suspendido, con un enfoque directo hacia el área de Grada Fans detrás del arco sur.

Tres incidentes en poco más de 12 meses

Lo más llamativo es que, pese a la acumulación, las sanciones suspendidas no se activaron porque cada falta fue encuadrada de manera distinta dentro del código disciplinario. Es un detalle técnico que, en la práctica, explica por qué la respuesta punitiva no escaló automáticamente. Pero también deja un mensaje claro: la UEFA está mirando de cerca y cada nuevo episodio aumenta el riesgo de medidas más duras en el futuro.

El entorno del Bernabéu: Marceliano Santamaría como punto de reunión

Aunque el club prohibió Ultras Sur como grupo, su presencia social no se evaporó. Una zona cercana al estadio, la calle Marceliano Santamaría, se mantuvo como lugar habitual de encuentro en días de partido. En el pasado, líderes del grupo gestionaron bares allí, y todavía hoy se reúnen aficionados para beber, cantar y calentar el ambiente, especialmente en noches de Champions.

En febrero de 2019, se informó que alrededor de 250 miembros de Ultras Sur lograron entrar al Bernabéu para un partido de Copa del Rey ante Leganés y aprovecharon para cantar contra Florentino y contra Grada Fans. En octubre de 2023, después de que integrantes del grupo asistieran a un partido europeo en Braga, el club comunicó que tomaría medidas. Aun así, el seguimiento del fenómeno muestra que algunos continúan viajando a partidos fuera de casa.

También persiste un mercado de simbología y merchandising asociado a mensajes neofascistas, con presencia tanto online como en mercadillos de la capital. No es un asunto menor: el merchandising ayuda a sostener identidad de grupo, financia desplazamientos y refuerza la narrativa de pertenencia.

La noche del Benfica: alta tensión, policía y un clima que se fue cargando

En la previa del partido de vuelta contra Benfica en el Bernabéu, sectores de extrema derecha convocaron una reunión en Marceliano Santamaría. Además, se organizó una pancarta especial para marcar el primer regreso de Mourinho al estadio desde su salida. Con el partido catalogado como de alto riesgo, la presencia policial fue notable.

Cientos de aficionados acudieron. Hubo tambores, bengalas y videos en redes sociales que mostraban saludos fascistas y cantos como Cara al Sol, asociado históricamente al bando nacionalista durante la Guerra Civil española. El ambiente, descrito como ruidoso y cargado, contrastó con la imagen moderna y corporativa que el Real Madrid quiere proyectar tras la reforma multimillonaria del Bernabéu.

También se registraron incidentes en el exterior, en el lado opuesto del estadio, aproximadamente una hora antes del inicio. Circularon imágenes de una intervención policial contra un grupo de aficionados del Benfica. En ese momento no quedó claro qué originó la situación.

Lo que permite la ley y lo que castiga el fútbol

Un matiz relevante: en España, realizar un saludo nazi no constituye delito por sí mismo, a diferencia de lo que ocurre en países como Alemania. Puede ser sancionable si va acompañado de conductas que encajen como delito de odio u otros tipos penales. Esa diferencia legal explica por qué algunas intervenciones no se producen como el público espera, aunque a nivel deportivo y disciplinario sí existan mecanismos para expulsar, prohibir acceso y sancionar al club.

En el caso del aficionado expulsado en el Bernabéu ante Benfica, no hubo una intervención policial directa en el momento, según la información disponible. El club, en cambio, sí aplicó el protocolo interno de identificación y expulsión del recinto.

El Bernabéu nuevo, la reputación global y el riesgo de que una minoría marque el relato

El Real Madrid está orgulloso de su estadio renovado. El nuevo Bernabéu está diseñado para ser una referencia mundial en comodidad, hospitalidad, áreas VIP y experiencia premium. Pero el fútbol, por más que evolucione hacia el entretenimiento global, sigue teniendo un punto frágil: la grada. Una sola imagen puede viajar más rápido que cualquier comunicado. Y en Champions, con cámaras internacionales y redes sociales funcionando como amplificador, la gestión del comportamiento del público es casi tan importante como el propio resultado deportivo.

De cara a la visita del Manchester City, el deseo compartido por el club y por la mayoría de sus aficionados es claro: que la noche transcurra sin incidentes, que el protagonismo sea del balón y que el Bernabéu sea noticia por el fútbol, no por una provocación. Ese es el reto actual del Real Madrid en este tema: sostener una política firme de sanciones y prevención, sin permitir que un puñado de radicales se apropie de la escena.

La historia demuestra que el problema puede reducirse, pero exige vigilancia constante

La ruptura con Ultras Sur en 2013 fue un paso decisivo y, en muchos sentidos, exitoso. Pero la realidad de 2026 muestra que el fenómeno no desaparece del todo: se dispersa, cambia de forma y busca espacios alternativos. En el fútbol moderno, donde la reputación se mide en segundos y en millones de pantallas, esa batalla se juega tanto en el césped como en el control del entorno.

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